Realista y saludable
Competimos a diario contra anuncios en la tele, maniquíes en las tiendas, fotos en revistas, actrices ‘cirugeadas’ y una que otra amiga que simplemente «nació para ser flaca». Así es, la industria de la moda nos vende en talla cero la idea de lucir bien, mientras que la industria alimenticia nos agobia con delicias gastronómicas saladas, dulces y agridulces…mmh! pero entonces viene la pregunta del millón: ¿me conservo delgada o me deleito el paladar??
Una buena opción sería no debatirnos entre comer o hambrear, sino enfocarnos en mantenernos saludables. ¿Quién dijo que la salud sólo se refiere al cuerpo? La Biblia nos habla del fruto del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, dominio propio y fe. Fluir en ellos sería la evidencia de una persona espiritualmente “saludable”, no es cierto? Entonces, si le pido a Dios que ponga en mí el poder ejercer mi dominio propio ante la comida, ejercito mi espíritu por decirlo así, y me mantengo saludable.
La parte de ser realistas es que habemos de todos colores, tamaños y sabores en lo que a complexión se refiere: hay personas que podrán verse y mantenerse más delgadas sin que les afecte mucho lo que devoren, mientras que otras simplemente por altura, distribución de grasa corporal o ‘grosor de huesos’, siempre aparentarán mayor tamaño en proporciones. En pocas palabras, acepta tu cuerpo. Tu Fabricante Celestial no te creó como objeto a lucirse durante la temporada otoño-invierno según la moda; ni te hizo como copia barata hecha en China, y ni siquiera te pide que seas idéntica a tu modelo favorita como si las hubiera creado en serie… no… Él se tomó el tiempo para que fueras única, irrepetible y especial. ¿Qué más puedes pedir?









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