¡Año nuevo, Vida nueva!
Toooodo mundo habla de inicios, propósitos y cosas de esas. Y es que después de pachangas, familia y vacaciones tendremos que ‘resetear’ nuestra mente y reprogramarnos si así lo deseamos.
Cuán sabio es Dios que nos hizo para funcionar en ciclos. Si entendemos esto nos complicaremos menos la existencia. Por ejemplo, cuando éramos niños, hablábamos como niños, pensábamos como niños y pues vivíamos como niños (obvio!). Cuando fuimos adolescentes se acrecentó nuestra esfera de acción, aprendizaje y riesgo y así hasta llegar a la edad adulta que supone mayor madurez y experiencia. Para consuelo de muchos, todos hemos fallado en algún momento a través de estas distintas etapas pero nunca dejamos de aprender, mejorar y cambiar.
Efectivamente, ¡año nuevo, vida nueva! ¿Trillada la frasecita? Sí. La oímos por todos lados pero encierra una realidad al alcance de todos: si decido confiar, creer y abrirme a la esperanza que me ofrece hoy el Fabricante Celestial, todas las cosas viejas pueden pasar ya, para que aquí, todas sean hechas nuevas, a partir de hoy. Yo decido:
Renovarme o morir.









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