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Los Hábitos Cristianos

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La Biblia enseña que todo lo que recibimos por gracia, o sea como un don gratuito de Dios, como la salvación, redención y justificación ante Dios; el Nuevo Nacimiento y la regeneración espiritual; la perfección y la entera santificación necesarias para entrar al cielo; la resurrección y glorificación del cuerpo, alma y espíritu; y la vida eterna, nos serán dadas en plenitud en la segunda vendida de Cristo,

independientemente de qué tanto progresemos espiritualmente durante nuestro peregrinar terrenal. También, que gracias a los méritos del sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario, todo esto está asegurado desde el momento mismo en que con fe, creemos, recibimos, aceptamos, y confesamos a Jesús como nuestro único y suficiente Salvador.

En cambio, la vida abundante, la felicidad, la vida victoriosa, y el verdadero éxito en esta Tierra, nos son dados en la medida en que nos disciplinemos a vivir como Dios manda en la Biblia, pues todas sus benditas promesas para este mundo, están condicionadas, y su misericordia es dada a millares, sólo a los que aman a Dios, cumplen sus mandamientos, y viven de acuerdo su maravilloso plan y propósito, pues sabemos que sólo a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Por eso ¡Bendita la persona que confía en nuestro Dios! Que no anda en camino de pecadores, ni se apoya en su propia prudencia, sino que en la Biblia se deleita y medita de día y de noche, porque será como el árbol que junto a la corriente echa sus raíces, pues aún en el año de sequía, su hoja permanecerá verde, dará su fruto a su tiempo, y todo lo que haga, prosperará.   

Así, con el fin de permanecer en sus caminos y cada vez ser menos “niños fluctuantes,” y en vez de piedra de tropiezo, ser buenos ejemplos de los creyentes y bendición para los del mundo, es necesario que con la ayuda de Dios, cada vez con más constancia, practiquemos los hábitos cristianos que son dignos de todo fiel hijo, siervo, ministro, e instrumento de Dios, como son diariamente vivir por fe; aprender lo que es orar sin cesar; disciplinarse a leer, meditar, memorizar y obedecer la Biblia; procurar con diligencia cada vez más, desechar lo mundano y “revestirse” de las virtudes cristianas; acostumbrarse a vivir en victoria contra las asechanzas del diablo; tener como prioridad no dejar de congregarse y apoyar a la iglesia; y tener como propósito en la vida, servir a Dios y a los demás, dentro y fuera del hogar, dentro y fuera de la iglesia, y dentro y fuera del lugar donde llevamos a cabo nuestras diarias labores, sea el hogar, la escuela, o el lugar de trabajo, pues la Biblia dice que si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. Sólo así podremos cada vez más seguido, presentarnos ante Dios aprobados antes de poner la cabeza en la almohada, como obreros que no tenemos de que avergonzarnos, que no comemos el pan de balde, y que ponemos bien por obra, la Palabra de Verdad que es la Biblia.

Ninguno de estos hábitos se hacen rutina, y Satanás se esmera especialmente, por estorbarlos mañana, tarde y noche; por lo que diariamente, desde el momento en que despertamos, y después de dar gracias a Dios por Jesucristo, la salvación, la Biblia, la vida, la salud, la familia, y la feliz oportunidad de servirle y cumplir su propósito un día más, debemos tener como disciplina, diariamente presentar nuestra vida, cuerpo, y miembros a Dios, como instrumentos de justicia, y como ofrenda viva, santa y agradable a Dios, para que Él nos use para su honra y gloria, para edificación de su iglesia, y para bendición de los perdidos y menesterosos. Para lograr nuestro objetivo y avanzar cada día más hacia la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, debemos como Pablo, olvidando ciertamente lo que queda atrás, extendernos a lo que está delante, y proseguir con disciplina, diligencia, y perseverancia a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

La Biblia dice: Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. ¡Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! Así que, hermanos míos amados, estén firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. Por lo tanto, practiquemos el hábito de vivir echando toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros, y levantemos las manos caídas y las rodillas paralizadas y negligentes, y hagamos sendas derechas para nuestros pies, porque Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en la tribulaciones, y ya en breve Dios aplastará a Satanás bajo nuestros pies. Y ahora hermanos, los encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificarnos y darnos herencia con todos los santificados. Que el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, nos haga cada día más aptos en toda obra buena para que hagamos su voluntad, haciendo Él en nosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos.

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