Actuemos contra las ‘obsexionadas’ políticas educativas españolas
Las Ministras de Igualdad y Salud en España pregonan con avidez otro de sus legados para la historia de esta nación. Por eso les llamo las “Agentes de sexualidad”- quienes tienen toda la intención de infundir a sus anchas por los centros de enseñanza, perjudicando a nuestros hijos, su peculiar concepción de la sexualidad.
Poco les importa el estrepitoso fracaso de sus millonarias campañas gracias a las que, año tras año, aumentan los embarazos imprevistos, los abortos y las enfermedades de transmisión sexual entre nuestros jóvenes. Menos aún, utilizar los fondos públicos para enfangar las aulas con pornografía soez, e imponer a los menores una determinada visión del sexo –y, por tanto, de la persona- abiertamente contraria a la que pretenden inculcarles sus familias.
La cuestión no es nueva. Desde hace décadas Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Ministerios (de todos los colores políticos) vienen financiando con el dinero de todos campañas que “suben de tono” con la misma progresividad que baja la edad de sus destinatarios.
Su “obsexiva” perseverancia apenas ha encontrado resistencia en los centros educativos y –lo que es más grave- en las familias, más pendientes de evitar ser señaladas por el temido dedo inquisidor de la “progrecracia”, en lugar de velar por su libertad de enseñanza y por la educación de los hijos.
La normativa que están cociendo contará, sin duda, con la abierta oposición de no pocos colectivo; lo que reavivará un debate social probablemente demasiado encendido. Pero acabará por aprobarse. Es lo de menos. Su aplicación ya está en muchas aulas, facilitado por el “educador sexual” en turno, quien presenta como ‘normales’, comportamientos que rayan en lo patológico; o explicando a tiernos infantes que lo mismo da ‘homo’ que ‘hetero’… siempre con protección, claro.
En estas situaciones poco se puede hacer si la dirección del centro, el profesorado y sobre todo, las familias concretas no mostramos nuestra oposición con tanta serenidad como firmeza. Se cuenta con el apoyo de muchas organizaciones; pero poco podrán hacer éstas, si las familias, profesores y centros afectados no dan el primer paso. Se acabó el tiempo de mirar los toros desde la barrera.

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