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Los Huesos

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Más de 1,500 años antes de Cristo, con sabiduría divina, se escribió: Tus manos me hicieron y me formaron, y como a barro me diste forma. Me vestiste de piel y carne, y me rodeaste de huesos y nervios. Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu (Job 10:8-12).

Los huesos son órganos firmes, resistentes y duros, pero a la vez relativamente ligeros, que organizados y articulados en forma extraordinariamente sofisticada, forman el esqueleto de los vertebrados. El hueso está compuesto por algunos componentes no celulares, calcificados; así como por tejidos especializados de tipo conectivo, que lo hacen más resistentes a los golpes y presiones que los demás tejidos del cuerpo. En los huesos hay áreas compactas y otras más esponjosas.

Los huesos tienen tamaños muy diferentes, y formas muy variadas y características. Su diseño es perfecto y siempre congruente con sus funciones. En forma distintiva, los huesos de las aves por ser huecos y porosos, son mucho más ligeros que los huesos de los demás animales, y para aumentar su resistencia, ingeniosamente, tienen una serie de trabéculas en su interior.

El esqueleto en general, y la forma de los huesos, es característica y distintiva para cada especie, y aunque las hembras y los machos tienen el mismo número de huesos, aún después de siglos, si se desentierra un esqueleto, principalmente por la forma de los huesos de la pelvis, se puede saber si la osamenta pertenecía a una hembra o a un macho.

La estructura interna del hueso es asombrosamente compleja, y solo aparente al estudio microscópico. Así, hasta después del año 1,600 en que Zacarías Jensen inventó el microscopio, que hasta ahora se sigue perfeccionando, se creía que el hueso era una estructura inerte, seca y libre de materia orgánica; pero en los últimos cien años, se ha descubierto que es una estructura extraordinariamente complicada, y con funciones sumamente complejas y vitales para la estructura y funcionamiento del cuerpo.

Las principales células del tejido óseo, son los osteoblastos, responsables de formar y reparar el hueso; los osteoclastos que son los responsables de reabsorber el hueso dañado, por ejemplo, tras una fractura y su consolidación, remodelar el hueso reparado, para que recupere su forma original; y los osteocitos que son las células estructurales del hueso. Los osteocitos tienen la capacidad de comunicarse químicamente entre sí, y coordinar la respuesta del hueso a las fuerzas que lo presionan, o intentan deformarlo.

Los componentes blandos de los huesos, incluyen los tejidos de la médula ósea formada por tejido adiposo (grasa) que es una rica fuente de energía almacenada; y el tejido hematopoyético, o sea el que produce las células de la sangre, como son, los eritrocitos (glóbulos rojos), los leucocitos (glóbulos blancos), y las plaquetas que sirven para la coagulación. Además, como en todos los demás tejidos del cuerpo, los huesos son irrigados por vasos sanguíneos nutricios, e inervados por nervios muy especializados.

Por todo esto, ahora sabemos que el hueso no es una estructura inerte, sino una estructura viva que puede fortalecerse en las personas con poderosos y bien desarrollados músculos; o modificarse, de acuerdo a las presiones circundantes; y hasta deteriorarse como consecuencia de deficiencias vitamínicas, como en el raquitismo por la falta de vitamina D, y la osteoporosis por falta de Calcio, Fósforo, y Calcitonina.

Hay varias más enfermedades tanto congénitas (que se aparecen durante el desarrollo intrauterino del cuerpo), como adquiridas, como el Cáncer, que pueden dañar en forma irreparable a los huesos. No es raro, por ejemplo que el volumen y tamaño de las vértebras, disminuya con la edad, provocando que la persona adulta mayor, pierda estatura.

Los huesos están recubiertos de un tejido conectivo, fibroso, y sólido llamado periostio, y en sus superficies articulares (las que se eslabonan con otros huesos), están recubiertos por cartílago, otro tipo de tejido conectivo que no es tan flexible como el músculo, ni tan rígido como el hueso; pero que permite que en las articulaciones, como la de la rodilla, dos huesos se froten uno contra otro a enormes presiones, sin desgastarse, ni dañarse, durante cien y hasta más años.

El cartílago del hueso, está formado por condrocitos, que son las células estructurales del cartílago; así como por fibras de colágeno, una proteína producida por ellas. El cartílago tiene la singular característica de ser el único tejido del organismo, que no contiene vasos sanguíneos.

Desde el desarrollo intrauterino y durante toda la niñez y adolescencia, el cartílago de crecimiento, una banda localizada entre el extremo (epífisis) y el cuerpo (diáfisis) del hueso, es el responsable del crecimiento de los huesos largos. Éste al llegar el individuo a la edad adulta, es sustituido por hueso que durante prácticamente toda la vida, conserva una extraordinaria y bien controlada capacidad de regeneración y reconstitución.

A diferencia de lo que se creía apenas hace unos 100 años, en el cuerpo de todos los vertebrados, no hay huesos superfluos o inútiles (vestigiales), sino que cada una de las piezas del esqueleto, por más pequeña que sea, como algunos de los huesos de la mano, y el coxis, al final de la columna vertebral, cumple una función particular útil y necesaria, y su relación con los huesos vecinos con los cuales está unido por las articulaciones, permite su función particular, y determina la estructura y función coordinada de todo el sistema esquelético.

El sistema esquelético, junto con los músculos, los nervios, y vasos sanguíneos correspondientes, constituyen el aparato locomotor, que es el que permite el movimiento y desplazamiento del organismo. Si los huesos fueran sólidos como piedra, aumentarían a tal grado el peso de los animales, que éstos, sobre todo los más grandes, como los elefantes y los enormes dinosaurios, serían incapaces de moverse; y las ballenas, se hundirían hasta el fondo del mar.

Aparte de servir de sostén, estructura, parte esencial del sistema locomotor del cuerpo, y el sitio de la formación de las células sanguíneas, algunos huesos, como los del cráneo, de enorme dureza, y las costillas, de extraordinaria flexibilidad, sirven para proteger órganos vitales como el cerebro, el corazón y los pulmones. Además, el tejido óseo sirve como almacén de abastecimiento de minerales como el Calcio y el Fósforo, quevertidos en forma regulada, al torrente sanguíneo, son utilizados por varios órganos, para llevar a cabo funciones vitales para el organismo.

Afirmar, como muchos lo hacen que los huesos son el resultado de la evolución y de sucesos al azar, sin control ni propósito, sucedidos por obra y gracia de la casualidad, a lo largo de miles de millones de años, en cada una de las millones de especies de vertebrados, no sólo es ridículo e infantil, sino una franca expresión de miopía científica.

Los que saben, han descubierto que son numerosas las proteínas, enzimas, y biomoléculas de inmensa e inigualable complejidad, las que permiten al osteocito llevar a cabo su función de formar por ejemplo, matriz ósea. Se mencionan entre muchas otras, la proteína morfogénica ósea, el factor beta transformador de crecimiento, el receptor para la activación del factor nuclear K-B, la osteonectina, la osteopontina, laosteocalcina, la sialoproteína, y muchas más, que por simple ley de probabilidades, es imposible que se hayan formado espontáneamente, por lo complejo de la secuencia de sus aminoácidos y polipéptidos, y menos que ya formados, se hayan organizado al azar, en una tan delicada y sofisticada cascada de eventos, que al final del proceso, dan por resultado cada uno de los 206 huesos que a los humanos, nos permiten levantarnos, movernos, y caminar.

La conclusión inteligente, es que el hueso, al igual que todas las demás partes de un organismo vivo, fueron productos del diseño omnisciente del Creador de todas las cosas que la Biblia llama Dios. Y que realmente, es de sabios reconocer que el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, es el que a todos da vida y aliento, y todas las cosas. Y que en Él vivimos, y nos movemos, y somos(Hechos 17:24.28).

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